Carricoche ya está en marcha ¡Comenzamos!

 

Autorizados para poder ejercer como laboratorio de vehículos históricos en toda España.

Después de tres años de duro trabajo, por fin… estamos autorizados para poder ejercer como laboratorio de vehículos históricos en Castilla la Mancha y en consecuencia en toda España. Durante este tiempo, se han vivido momentos de ilusión, desilusión, de amor y desamor acerca de un proyecto pionero en nuestra región en torno al cual no había un marco legislativo articulado y sin el que, no se podía funcionar.

Ahora ya, después de todo este tiempo, se ha dado el pistoletazo de salida para enlazar nuestro entusiasmo por los vehículos clásicos con nuestra profesión, la ingeniería. No solo ha sido una cuestión de tipo administrativo, también hubo que superar muchos obstáculos dentro de nuestra propia organización INMÍNER ING, acerca del plan económico que tendría esta nueva unidad de negocio.

 

Lo importante sería simplemente disfrutar.

El objetivo que marqué en su momento era claro: lo importante no sería ganar dinero, sería simplemente disfrutar, aún con la seria duda de que se podría perder dinero en esta aventura. Con esta premisa, pocos accionistas podrían atreverse a arriesgar un solo euro de su bolsillo, pero a pesar de ello, se creyó en el proyecto y se dio vía libre para preparar la forma de enfocarlo.

Entonces nació Carricoche. El nombre salió solo, como una idea distinta acerca de cómo realizar la labor de catalogación de vehículos históricos, en relación a como se viene realizando desde hace tiempo en nuestro país. Era necesario innovar, buscar soluciones románticas a un procedimiento tan frío como una ITV. Pero para ello, no bastaba con ser un simple aficionado más, era necesario añadir nuevos ingredientes, nuevos procedimientos, nuevas formas de trabajar que sirvieran para enamorar a nuestros clientes y Carricoche, podía ser un buen nombre sobre el que hacer crecer este proyecto.

Pero era necesario más, por ello trate de buscar una personalidad especial para el laboratorio, un elemento que sirviera para identificarnos de manera clara y entonces surgió él. Al principio, fue solo un breve trazo de líneas clavadas en mi mente. Pero poco a poco fue apareciendo con más claridad, más definición, la imagen de un niño de apenas un año y medio de edad, montado en un corre pasillos metálico de diseño clásico. Solo cabía esperar el momento necesario. A esas alturas, ya tenía perfectamente claro, quién sería ese pequeño protagonista: mi sobrino Javier.

 

Javier, en el momento en el que se tomó la fotografía, era un pequeño querubín inquieto (todavía lo es) que debido a su tierna edad tenía totalmente embelesado a la familia. Hablé con su madre, Ana, y le expliqué que era lo que se pretendía. Ella aceptó la idea y tras una improvisada sesión fotográfica con mi cámara NIKON, se pasó al trabajo de ordenador para que la magia del Photoshop, hiciera el resto.

Al principio los resultados fueron desalentadores, pero poco a poco se fue conformando el boceto y una vez finalizado el perfilado de la imagen obtenida, me di cuenta de que algo fallaba. Lo que se había conseguido dibujar poco o nada tenían algo que ver con lo que había visto en mi mente. Empecé a darle vueltas a la cabeza sin saber cuál era el problema. Aquel boceto, Nº1, estaba totalmente vacío de contenido, carente de alma, pero ni tan siquiera alcanzaba a atisbar de qué manera podía solucionarlo. Pronto me di cuenta del error, el niño, debía de tener un aspecto de grabado antiguo, que lo metiera en el contexto clásico que requería. Mediante un rotulador de punta fina, me atreví a dotar de arrugas y líneas el interior del dibujo. El resultado final fue simplemente, maravilloso.

La conjunción entre el nombre y el icónico niño, surgido de mi cabeza, correría a cargo del diseñador gráfico Manu Jiménez, el cual supo rodear a la idea de un aspecto dinámico en forma de antiguo sello. Había nacido por fin, la romántica esencia entorno a la cual, desarrollaríamos nuestro Laboratorio.

Quedaba mucho trabajo todavía, más todo lo que se había redactado anteriormente entorno al texto normativo, sujeto a derechos de autor, que regularía nuestra actividad y que finalmente fue aprobado por la administración competente.

También sería necesario buscar un espacio industrial que sirviera de ubicación para nuestro laboratorio, con las correspondientes especificaciones técnicas que nos habían exigido.
Ahora quedaba aglutinar un equipo de expertos, que permitieran dotar al Laboratorio de vehículos Históricos, Carricoche, de todo el rigor necesario para comenzar la labor que me había propuesto. Pero esta historia la contaré en un próximo post.

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